miércoles, 14 de febrero de 2018

Amarillo

Uno nunca sabe como iniciar este tipo de escritos, uno nunca piensa que llegaría a escribir estas cosas tan fuertes. Pero bueno, a algunos les toca. Cáncer es una palabra muy extraña. Se desliza sobre la lengua suavemente, pero en cuanto se recibe el sonido de la palabra, a las personas les cambia el rostro. No es una buena noticia, no llega con aires positivos, promete muerte y sufrimiento. Es, hasta a veces, impronunciable. El simple hecho de decirla, angustia. ¿Será por eso que dicen «tumor maligno»?

Los años pasan muy rápido. Nunca fui tan feliz como cuando tenía entre 4 y 9 años. Qué hermoso ser niño. Esta casa era mi castillo, todo de mí estaba aquí dentro. Mamá estaba en su mejor época (al menos eso me hacía creer, y le salió muy bien), la nona estaba radiante y el nono saludable (dentro de los parámetros de salud cuando uno es alcohólico). Los años y la vida avanzan, y arrastran consigo a los humanos.

Me gustaría volver a esos mediodías veraniegos donde volvías de trabajar, almorzábamos mirando televisión, entre risas, chistes y conversaciones. Eras... tan vos. Jamás entendí esa pasión tuya por trabajar, hoy lo estoy asimilando. Los recuerdos me inundan. Me enseñaste tantas cosas, me explicaste cosas que sólo vos podías explicarme, me cumplías todos mis caprichos y me hacías feliz... De alguna forma ocupabas una parte de mi figura paterna, estabas allí para llenar ese vacío que papá nunca pudo. Estabas ahí (con la nona) para llenar ese vacío general que siempre tengo, que siempre alguien se encarga de llenar por mí. Qué afortunada soy, Dios mío. Nunca tuvimos mucho dinero pero yo nací rica. Tenerte en mi vida es y sigue siendo un privilegio.


lunes, 12 de febrero de 2018

Contra viento y marea

¿Qué tenés? Pensaba, todas las noches, cuando tu rostro aparecía en mi cabeza. Un año ya, o casi. Un año que me das vueltas alrededor. Que me hablás, que te me acercás, que te ponés de novio, que te peleas, que la defendes, que te contradecís. Intento entender tu jugada, intento entender tus «esta semana tomamos algo sí o sí», que luego se convierten en nada, en ilusión, en sueño, en promesas.

Al principio, pensaba que mi historia de amor ya estaba escrita. Que íbamos a estar juntos. Que yo te correspondía y vos a mí. Pasaron los meses de chantajeo, y te pusiste de novio. Te borraste de la faz de la tierra. Pasabas en tu auto y no mirabas. Ni siquiera me ponías like. Pasaron los meses otra vez, y reapareciste. ¿Es necesario contar la historia entera? Porque me la sé de memoria. Se resumen a dos verbos, los cuales te definen exactamente. Aparecer y desaparecer.

Eso hacías. Y mientras tanto, yo esperaba...

¿Qué tenés, nene? ¿Qué tenés? Que me hace pensar tanto en vos, idealizarte, imaginarte. Esperarte. Me estás haciendo perder el tiempo. Tu juego parece muy inteligente, pero yo no sé jugar. Yo no juego. Nunca fui de ganar. Me rindo antes que comience la partida, y vos debés ser de los que hacen trampa, ¿no? Pero este es un juego distinto: yo no tengo posibilidades de ganar, vos sabés como moverte y tu novia es el comodín.

Me gustaría decir que cuando te decidas va a ser muy tarde. Pero me temo que no... Me gustas mucho...

¿Qué tenés?

Me estoy cansando y me estás rompiendo el corazón.



Te odio

Todo viejo amor, nos importuna siempre. De alguna forma u otra, apareces siempre. Siempre estas en mis pensamientos. Te estancaste aquí, en...